New York Ultimate

miércoles, 12 de abril de 2017

Los 11 mejores restaurantes baratos de Nueva York

La famosa hamburguesa de Burger Joint, el sándwich de pollo frito del chef David Chang y los puestos del mercado de Gotham. Es posible comer bien a precios asequibles en la Gran Manzana

Restaurante E. A. T., en el Upper East Side de Manhattan, en Nueva York.
Restaurante E. A. T., en el Upper East Side de Manhattan, en Nueva York. 



En su famoso ensayo Good­bye To All That (adiós a todo esto), Joan Didion escribió que Nueva York era una ciudad solo para los muy ricos o para los muy pobres. No era una opinión propia; estaba reproduciendo algo que había escuchado con frecuencia. Cincuenta años más tarde, el dicho sigue encerrando al menos una verdad: Nueva York es cara. Casi todas las grandes ciudades lo son. Pero eso no quiere decir que para pasarlo bien en la Gran Manzana haya que endeudarse con el banco o, por el contrario, conformarse con ingerir perritos calientes en algún parque público todos los días. Los que disfrutan del buen comer cada vez tienen más opciones de buena calidad a precios razonables. En los últimos años la ciudad ha evolucionado gastronómicamente, y el espacio entre el fine dining (la cocina de calidad) y el fast food (la comida rápida) se ha llenado con decenas de restaurantes asequibles que no sacrifican el buen diseño o el buen producto. Este sector ha sido bautizado como fast casual (rápido informal) y ha prosperado en parte por las necesidades del estilo de vida de los neoyorquinos y en parte por los imperativos económicos. “Todos los chefs hablan ya de la necesidad de conceptos gastronómicos de bajo coste que puedan ser reproducidos en diferentes poblaciones, esencialmente redefiniendo el fast food”, declaró el chef David Chang a la revista GQ. “Es una forma de diversificarse y de contrarrestar la ineficiencia de los restaurantes de lujo, que no son rentables por sí solos”. Chang, creador del imperio asiático Momofuku, abrió Fuku y Fuku+, dos locales de éxito que sirven sándwiches gourmet y algún que otro platillo, además de vinos y cervezas.
Los 11 mejores restaurantes baratos de Nueva York
JAVIER BELLOSO
En este escenario también han proliferado los food markets (mercados de comida) de diseño, donde se pueden probar diferentes cocinas — mexicana, japonesa, española, norteamericana…— en un ambiente agradable. Gotham West Market, por ejemplo, abrió en el Midtown, el centro de Manhattan, hace tres años con varios puestos de cocineros de renombre, como Seamus Mullen e Ivan Orkin. “Nuestra calidad es muy alta porque son varios los restaurantes que se reparten el coste del espacio”, explica Chris Jaskiewicz, uno de los fundadores del mercado. “Además, la gente está muy ocupada y quiere tener acceso a buena comida hecha con rapidez, aunque si desean tener una experiencia más relajada también se la ofrecemos”. En breve abrirán un segundo espacio en Brooklyn, en la zona de Fort Greene. Más allá de estas tendencias, nunca faltan en Nueva York los restaurantes de barrio bien logrados, sitios como Malaparte, donde priman tanto el encanto como la sencillez. Solo hay que saber encontrarlos.
Gotham West Market, en el Mitdown.ampliar foto
Gotham West Market, en el Mitdown. ANA NANCE

Gotham West Market

Una sopa y un café
Hasta hace poco no había muchos motivos para visitar el extremo oeste de Midtown. Esta área silenciosa de torres residenciales se ha animado ahora con el Gotham West Market, un mercado cerrado con varios puestos de chefs reconocidos que está atrayendo tanto a neoyorquinos como a turistas a la olvidada 11th Avenue (en el número 600). Ivan Ramen Slurp Shop, por ejemplo, sirve excelentes sopas japonesas, y Blue Bottle, la afamada cafetería californiana, uno de los mejores cafés de la Gran Manzana.
Quality Eats, en el West Village.ampliar foto
Quality Eats, en el West Village. ANA NANCE

Quality East

Asador asequible
Los neoyorquinos tienen debilidad por los steakhouses y sus jugosas chuletas de proporciones monumentales. El problema es que estos asadores suelen ser carísimos. Quizá por eso la reciente apertura de Quality Eats en el West Village (19, Greenwich Avenue) fue recibida con entusiasmo. Este restaurante de estilo joven ofrece carnes de calidad a buen precio. Por ejemplo, el Flatiron, un sabroso filete, no llega a 20 euros.
Burger Joint, en Greenwich Village.ampliar foto
Burger Joint, en Greenwich Village. ANA NANCE

Burguer Joint

Hamburguesa con queso
Este pequeño antro escondido en un rincón del hotel Le Parker Meridien dejó de ser un secreto hace mucho tiempo. Para probar sus famosas cheeseburgers, hay que hacer cola hasta llegar al mostrador y luego cruzar los dedos para que se libere un asiento. Por suerte, Burger Joint abrió un segundo local en Greenwich Village (en el 33 de la calle 8, Oeste; en la foto), mucho más amplio y mejor ambientado, con paredes de ladrillo visto y suelos de madera recuperada.
Fuku +, cerca de Central Park.ampliar foto
Fuku +, cerca de Central Park. ANA NANCE

Fuku +

Asia sabrosa
David Chang ha dado un gran impulso a la escena culinaria asiática de la Gran Manzana. Su primer local, Momofuku Ssäm Bar, donde Chang creó sabores que integraban tradición e innovación, causó furor y dio pie a una cadena que ahora incluye más de diez restaurantes en varias ciudades. Uno de los más recientes es Fuku+, en el número 15 de la calle 56 Oeste, a dos pasos de la Quinta Avenida y Central Park. La especialidad es el sándwich de pollo frito, que vale la pena probar por la suavidad de la carne y la esponjosidad del pan.
Malaparte, cerca del Meatpacking District.ampliar foto
Malaparte, cerca del Meatpacking District. ANA NANCE

Malaparte

Pizza casera
A unas pocas manzanas del jaleo del Meatpacking District —zona del Whitney Museum, el parque High Line, dos hoteles de moda y un escuadrón de boutiques de lujo—, Malaparteofrece un ambiente distendido y cálido. Desde su apertura hace cinco años, este restaurante italiano se ha convertido en uno de los lugares favoritos de los residentes del West Village, que se reúnen allí a compartir garrafas de vino al atardecer. Con el estilo de una trattoria antigua, ofrece un menú accesible que no falla: las pizzas y pastas caseras siempre salen bien.
Un 'bagel' en Russ & Daughters, en el Lower East Side.ampliar foto
Un 'bagel' en Russ & Daughters, en el Lower East Side. ANA NANCE

Russ & Daughters

Un buen ‘bagel’
Josh Russ Tupper y Niki Russ Federman son los dueños de Russ & Daughters (179, Houston Este), tienda centenaria del Lower East Side donde a cualquier sibarita se le acelera el pulso. Por eso, la reciente apertura de Russ & Daughters Cafe (127, Orchard Street) fue más que bienvenida. A tres manzanas del local original, este restaurante ofrece las mismas especialidades judías. Lo más pedido son las tablas, con pescados ahumados y acompañamientos para armar un buen bagel.
Ración de calamares fritos en Pier A Harbor House, junto al río Hudson.ampliar foto
Ración de calamares fritos en Pier A Harbor House, junto al río Hudson. ANA NANCE

Pier A Harbor House

Junto al Hudson
En apenas un año, Pier A Harbor House(22, Battery Place) se ha convertido en un clásico. Con una ubicación privilegiada a orillas del río Hudson, en uno de los pocos sectores del Downtown Manhattan (la parte baja de la isla) donde se respira amplitud, este centro gastronómico ofrece platos típicos norteamericanos para distintas ocasiones y bolsillos. En la amplia planta baja del edificio histórico (construido en 1886) se sirven calamares fritos, hamburguesas y alitas de pollo en mesas comunales alrededor de una gran barra. El primer piso incluye un restaurante formal y un pub estilo años veinte con vistas de película.
Comedor de Sunday In Brooklyn, en Williamsburg.ampliar foto
Comedor de Sunday In Brooklyn, en Williamsburg. ANA NANCE

Sunday in Brooklyn

Cruzando el río
Dar un paseo por la zona de Williamsburg, en Brooklyn, cuna del mundo hipster, ya es casi obligatorio. La vía principal, Bedford Avenue, es agradable y ofrece muchas opciones para comer y comprar, pero preferimos calles secundarias como Berry o Wythe, donde se aprecia mejor la esencia del barrio. El nuevo Sunday In Brooklyn, en Wythe (en el 348), es un mercadillo y restaurante con interiores escandinavos dignos de Instagram. Todo está bien pensado, desde el menú fresco y económico a la hora del almuerzo hasta los platos más sofisticados de la noche.
By Chloe, en una esquina del Greenwich Village.ampliar foto
By Chloe, en una esquina del Greenwich Village.ANA NANCE

By Chloe

Delicias veganas
By Chloe, cuyo local principal ocupa una de las esquinas más encantadoras del Greenwich Village (185, Bleecker Street), demuestra que la comida vegana puede ser deliciosa. Más de un carnívoro se ha prendado de la Guac Burger, una hamburguesa de judías negras, quinua y batata servida con guacamole y alioli picante. Y el sitio es realmente atractivo, decorado con baldosas vintage, sillas de colores y plantas. El problema es conseguir sitio, lo que ha impulsado a la chef, Chloe Coscarelli, a abrir nada menos que cuatro sucursales en los últimos meses.
Restaurante Parm, en el Upper West Side.ampliar foto
Restaurante Parm, en el Upper West Side. ANA NANCE

Parm

Italiano moderno
El primer Parm abrió en 2011 con un concepto tan simple como audaz: recetas clásicas italoamericanas, platos y bocadillos que hasta entonces solo se ofrecían en restaurantes demodé, elaborados con buen producto y técnicas modernas. Por ejemplo, las albóndigas son cocidas al horno en salsa de tomate a exactamente 82 grados durante 40 minutos. El local del Upper West Side está en el 235 de Columbus Avenue. 
Dulces del E. A. T. Café, en el Upper East Side.ampliar foto
Dulces del E. A. T. Café, en el Upper East Side.ANA NANCE

E. A. T.

Cebollinos y salmón
Muy cerca del Metropolitan Museum, en el 1064 de Madison Avenue, está E.A.T., una institución del Upper East Side. Aquí se degustan las especialidades creadas por el restaurador Eli Zabar, incluido el famoso sándwich Tower of Bagel (Torre de Bagel), con varias capas de queso cremoso, cebollinos y salmón noruego. En la misma zona, por la noche, conviene acercarse al nuevo Eli’s Wine Bar 91. A partir de las cinco de la tarde se ofrecen más de 20 vinos por copa a buen precio (para Nueva York) y platos clásicos de la región como cangrejo de concha blanda. 

High Line, levitando en Manhattan

La senda urbana sobre las viejas vías de un tren elevado es la intervención de mayor éxito en Nueva York desde hace décadas e invita a caminar

Paseando por la High Line, en Manhattan (Nueva York).
Paseando por la High Line, en Manhattan (Nueva York).  GETTY

Un músico durmiendo a mediodía, tirado en la calle 49 con Madison, abrazado a su guitarra eléctrica. Es blanco, debe de tener unos sesenta años muy gastados y estrecha su instrumento como a una amante. Larga debe de haber sido la noche de este Bob Dylan fracasado, que lleva un pañuelo a lo Keith Richards.
High Line, levitando en Manhattan
JAVIER BELLOSO
Pero ahora es mediodía y brilla un sol otoñal, amable. Los oficinistas de bancos y corporaciones, que compran sus almuerzos en los carritos de comida callejera, dejan al guitarrista reposar en paz. La tolerancia neoyorquina es hermana de su indiferencia. Por su parte, el músico yacente en la acera les devuelve la tolerancia y la indiferencia durmiendo como un bendito, con una gran sonrisa dibujada en los labios resecos.
¿Qué sueño feliz hace sonreír a este guitarrista sin suerte, acostado en la calle? Me lo pregunto mientras me alejo, bajando por la avenida Madison.
A la altura de la calle 37 entro en la Morgan Library. La antigua casona de piedra marrón de aquel tiburón de las finanzas, J. P. Morgan, alberga su extraordinaria biblioteca. Ese financiero y coleccionista voraz acaparó cientos de tabletas de arcilla con inscripciones cuneiformes —una de ellas contiene el relato más antiguo que se conozca sobre el diluvio—, centenares de libros iluminados medievales, numerosos incunables y miles de manuscritos raros. El salón principal de esta lujosa biblioteca tiene tres pisos de altura, con estantes repletos de libros únicos. Sobre la chimenea de castillo campea un vasto tapiz flamenco llamado El triunfo de la avaricia.
Interior de la Morgan Library, biblioteca de tres pisos en la antigua residencia del magnate neoyorquino J. P. Morgan.ampliar foto
Interior de la Morgan Library, biblioteca de tres pisos en la antigua residencia del magnate neoyorquino J. P. Morgan.  ALAMY
El tema de ese tapiz, en la mansión de quien fue uno de los hombres más ricos del mundo, parece una fanfarronada brutal. Pero una moraleja escrita en la tela matiza esa bravata: “Condenado como Tántalo a estar siempre sediento aun teniendo agua, así es el avaro siempre sediento de riquezas”. Morgan, que además de ser un banquero codicioso fue un hombre culto, colgó en su biblioteca esa advertencia contra su propia avidez.
Una parte de la fuerza que trasmite Nueva York viene de su codicia acumuladora. Pero en muchos casos esta avaricia ha desembocado en filantropía. Morgan donó sus extensas colecciones al público. Una porción significativa de los tesoros del Metropolitan Museum of Art fue aportada por él. Otros potentados han dejado grandes fundaciones benéficas.
Esa alianza entre codicia y filantropía continúa. Y no se limita a los millonarios avariciosos. Junto al río Hudson, entre las calles Gansevoort y la 34, se ha levantado el parque de la High Line (línea elevada), obra de los estudios Diller Scofidio + Renfro y James Corner Field Operations. Este parque aéreo, construido sobre las vías de un viejo tren elevado, es una de las renovaciones urbanas más exitosas en Nueva York. Aislado del tráfico, el paseante camina a la altura de un tercer piso entre plantas silvestres, árboles que empiezan a tupirse y hermosas vistas del río y del bajo Manhattan. Este paseo es público y gratuito, pero su mantenimiento es privado. Lo financia una fundación de amigos del parque que aportan pequeñas donaciones (deducibles de impuestos).
Tumbonas en la High Line de Nueva York.ampliar foto
Tumbonas en la High Line de Nueva York. GETTY
El parque de la High Line renovó este barrio de muelles y bodegas (disparando los precios). Google instaló sus oficinas aquí cerca, y el flamante edificio del Museo Whitney, obra de Renzo Piano, corona ahora el extremo sur del parque. Desde las amplias terrazas del museo miro hacia Battery Park. El nuevo One World Trade Center rasca el cielo triunfalmente ocupando el espacio donde estuvieron las Torres Gemelas, destruidas en 2001. Observando este descomunal edificio, recortado contra el cielo diáfano y pacífico, recuerdo unos versos premonitorios que escribió Arturo Fontaine en 1974: “Serás destruida, Nueva York, no quedará / piedra sobre piedra (…) / las Twin Towers arquearán sus espaldas en reverencia, / los últimos pisos / besarán la tierra de Manhattan”.

Astuta filantropía

Ocurrió lo vaticinado por el poeta, en parte. Pero Nueva York no ha sido destruida. La renuevan constantemente su codicia y su astuta filantropía. Además, esta ciudad ya no es la mejor encarnación de la fuerza brutal del capitalismo. Ahora hay otros sitios donde este es tan fuerte como aquí y bastante más brutal. A cambio, Nueva York ha ganado un aire vintage, de actualidad anticuada.
Un tramo de la High Line, que con cinco millones de visitantes anuales se ha convertido en un imán turístico.ampliar foto
Un tramo de la High Line, que con cinco millones de visitantes anuales se ha convertido en un imán turístico.  GETTY
Ya de noche vuelvo a pasar por la esquina donde dormía el músico sonriente abrazado a su guitarra eléctrica. Se ha ido. Me alegro por él: entre los barrancos de las avenidas se cuela el primer viento del invierno. Allá en lo alto, las torres de las corporaciones se hunden en una neblina encendida, eléctrica. Cuarenta pisos más abajo, el viento deshilacha ese olor a pan quemado que durante el día los carritos de comidas empozaron entre los edificios.
Ahora imagino por qué ese guitarrista sonreía en sueños. El sol de mediodía, atravesando sus párpados cerrados, brillaba en su mente como los focos de un escenario. El rumor de la calle y las voces de los transeúntes le sonaban como aclamaciones de un público fervoroso. El músico soñaba que triunfaba. Y eso le bastaba para dormir a gusto y sonreír.
¿Quién es más desgraciado? ¿El que duerme en la calle, pero sueña sonriendo, o ese al que la ambición desvela impidiéndole dormir en su cama lujosa?
Carlos Franz es autor de Si te vieras con mis ojos (Alfaguara).

martes, 28 de marzo de 2017

La "Niña sin miedo" permanecerá en Nueva York hasta 2018

La estatua debía permanecer en ese sitio solo una semana. Pero como se convirtió en símbolo de los derechos de las mujeres frente al gobierno de Trump, su estadía fue prolongada hasta el próximo Día Internacional de la Mujer.



La escultura iba a ser removida el 2 de abril, pero una petición en línea ha conseguido alargar su estancia
- "La Niña sin Miedo" ha inspirado a mucha gente, según el alcalde Bill de Blasio
- Se ha convertido en una atracción turística y un fenómeno en Internet
- Formaba parte de una exhibición temporal para alentar a las corporaciones a poner más mujeres en sus directorios


Nueva York.- La estatua de una niña que mira desafiante al "Toro de Wall Street" en Nueva Yorkpodrá quedarse en su pedestal hasta febrero del próximo año, determinaron las autoridades de la ciudad.

La estatua "Fearless Girl" (Niña sin Miedo) ha inspirado a mucha gente y ha "estimulado conversaciones sobre rol de las mujeres en posiciones de liderazgo", dijo el alcalde de Nueva York, Bill de Blasio.


La decisión de dejar en el lugar a la obra "es perfecta para una niña que se niega a ceder",manifestó el alcalde.


La estatua, que está en terrenos del Departamento de Transporte, recibirá una licencia para quedarse allí mediante el programa artístico de ese departamento, reportó el diario The Daily News .

Estatua de niña frente a toro de Wall Street
Imagen de la escultura de la "Niña sin Miedo" frente al "Toro de Wall Street", que se ha convertido en todo un fenómeno turístico de Nueva York en muy poco tiempo. 

La estatua de la niña, con su cabello atado en una colita y con el vestido ondeando por el viento, fue instalada frente al famoso bovino hace pocos días. Se ha convertido en una atracción turística y un fenómeno en Internet.

Originalmente su estadía estaba programada para terminar el 2 de abril. Se suponía que se trataría de una exhibición temporal para alentar a las corporaciones a poner más mujeres en sus directorios, pero recibió tanta atención y se volvió tan popular que se creó una petición en línea para pedir a los funcionarios de la Ciudad de Nueva York que la dejen allí.


El nuevo arreglo de ambas estatuas, de la niña desafiante frente a las astas del bovino, transformó por completo el significado de una de las obras públicas más conocidas de Nueva York. Algunos dicen que para mal, pero otros quieren que se quede para siempre.


El toro —de 3,3 metros (11 pies) de altura y 3.200 kilos (7.100 libras)— ha sido enormemente popular por derecho propio. Fue colocado en una mediana del tráfico de Manhattan a raíz de la caída de la bolsa de 1987, como símbolo de la resistencia financiera de los estadounidenses y de su espíritu de que todo es posible, pero algunos seguidores de la chica de bronce ya ven al toro de manera muy diferente.


"El toro representa a los hombres y al poder", comentó Cristina Pogorevici, de 18 años, una estudiante de Bucarest, Rumania, que visitó las estatuas la semana pasada. "Así que ella es un mensaje del poder de las mujeres y las cosas que están cambiando ahora en el mundo".


Holli Sargeant, de 20 años, una visitante de Queensland, Australia, cree que la chica de bronce —de 1,2 metros (4 pies) de altura y 113 kilos (250 libras)— "se está enfrentando a algo y la vemos como una imagen poderosa. Ella representa a todas las jóvenes del mundo que quieren marcar la diferencia".


El cambio de la percepción del toro —del héroe nacional al villano de géneros— indignan al escultor italiano que lo creó: Arturo De Modica, que había expresado su deseo de que la estatua de la niña se vaya.