New York Ultimate

domingo, 10 de enero de 2016

Sonny Mehta: “La edición no es ciencia, sino cuestión de gusto”



Veterano 'pope' de la edición, lleva casi 30 años en Nueva York al frente del sello Knopf, que este año ha celebrado su centenario.



No lo tuvo fácil. Sonny Mehta aterrizó en Nueva York en 1987 para hacerse cargo de Knopf. El sello, que entonces contaba en su catálogo con 18 premios Nobel, había sido fundado en 1915 por el osado Alfred Knopf, que desafió la regla no escrita de la época que indicaba que la edición era un negocio degentleman en el que las mujeres y los judíos estaban mayormente excluidos. Al fundador le sucedióRobert Gottlieb, popular y excéntrico a partes iguales, y fue él quien recomendó a Mehta para el puesto, cuando pasó a dirigir la revista The New Yorker. Desde entonces a la lista de premiados por la Academia sueca se han sumado siete nombres como los de Alice Munro, Toni Morrison, Naipaul, o Imre Kertész.
Hijo de un diplomático indio, Sonny había encontrado refugio de tanto trasiego de viajes e internados en los libros. Se educó en Cambridge y forjó su reputación al frente de dos sellos de libros de bolsillo (Paladin y Picador) en el Reino Unido, donde publicó nuevas voces de la contracultura estadounidense en los agitados sesenta. Su salto a la casa Knopf pilló a más de uno por sorpresa, y los rumores sobre su cese fueron una constante los primeros años. Mehta siempre mantuvo un piso en Londres, ciudad en la que aún pasa unos meses al año. Pero su fórmula —mezclar títulos comerciales con literarios, prestar especial atención al marketing, ciudar al máximo el aspecto de los libros— se impuso, y este veterano pope de la edición ha sobrevivido a fusiones y tsunamis de todo tipo en el negocio. En 2015 Knopf ha cumplido 100 años y Mehta 28 como su director.
Hijo de un diplomático indio,  encontró refugio de tanto trasiego de viajes e internados en los libros
"Leslie, ¿tienes una copia del libro para poder enseñar lo que hemos hecho en el último siglo?", Sonny Mehta ha descolgado el teléfono, y termina la conversación con un exabrupto. Puede que sea por su distinguidamente titubeante acento británico, pero suena encantador. Su oficina ocupa un vistoso esquinazo en plenoMidtown. Bajo los ventanales hay estanterías de madera repletas de libros; sobre su mesa, junto al ordenador, papeles además de una bandeja con una notable selección de licores, y bajo el escritorio un cenicero que este irredento (y cortés) fumador sacará. La discreción, aversión a ocupar el primer plano y elegancia del editor jefe de Knopf son legendarios. También es conocida su resistencia a conceder entrevistas.
P. ¿Cuál fue su primer éxito de ventas en Knopf?
R. No sé si fue el primero pero publiqué, El amor en los tiempos de cólera, y fue la primera vez que García Márquez entraba en la lista de libros más vendidos en EE. UU. Lo recuerdo porque viajé a La Habana al festival de cine; acababa de llegar a Nueva York, y fui a conocer a Gabo para hablar sobre los planes de publicación.
P. ¿Y este año?
R. Ha sido un buen año, con Judy Blume, Ann Tyler, Patti Smith. Ha habido mucha poesía, ficción y un sustancial número de libros de ciencia. Publicamos a Toni Morrison y una nueva colección de cuentos de Sandra Cisneros, una autora importante aquí. Bueno, la típica mezcla de literatura comercial, ficción, que es lo que siempre ha sido nuestra marca.
El marketing es una parte muy importante de las responsabilidades de un editor
Sonny Mehta
P. Siempre ha defendido que había que ayudar a los lectores a llegar a los libros a través delmarketing, y que había que tener libros comerciales. ¿Qué ha cambiado?
R. Creo que esas dos cosas siguen siendo importantes. El marketing es una parte esencial de las responsabilidades de un editor, y es una obligación para con los escritores cuya obra publicamos. Tenemos que hacer todo lo que podamos para llamar la atención de lectores potenciales. La manera en que hacemos esto ha cambiado, y también la manera en que la gente encuentra libros y los compra. Además, hay un formato alternativo a la tapa dura y al libro de bolsillo que es el libro electrónico.
P. Cuando llegó el e-book se anunciaba la muerte del papel.
R. Yo nunca lo creí. El libro electrónico es un modo alternativo de lectura, adicional. Pero es interesante que una parte sustancial de lectores y compradores habituales prefieren los formatos tradicionales, ya sea bolsillo o tapa dura. Los editores están respondiendo a esto añadiendo valor a los libros, mejorando aspectos del producto que estaban siendo ignorados. Se había perdido calidad en el papel que se usaba, ahora ocurre lo contrario. Hay una resistencia a favor de los formatos tradicionales. Se está invirtiendo más tiempo en pensar en el diseño, en portadas; se cuidan mucho más estos aspectos del libro.
P. ¿También se ha perdido el miedo a publicar novelas francamente largas?
R. Siempre las ha habido. Norman Mailer hace 35 años escribió un libro de ficción situado en el Antiguo Egipto. ¿Era largo? Sí, muy largo.
P. ¿Trabaja mucho con los autores o es algo que evita?
R. Trabajo con algunos como Michael OndaatjeJames Ellroy o Don Winslow, pero no con tantos como solía. Soy un lector compulsivo. No sé que haría si no estuviera leyendo. Es un hábito terrible.
P. ¿Ha cambiado su gusto?
R. Hay cosas que leo y leído siempre para relajarme, como thrillers y novela policiaca. Sobre todo me gusta la ficción. Compro muchos libros, voy a las librerías, hojeo. 
P. Su carrera despegó con el libro de bolsillo.
R. Bueno, empecé trabajando en una pequeña editorial que no hacía bolsillo. Estuve un año y medio. Tuve un maravilloso mentor, como lo llaman ahora; lo poco que sé, lo aprendí de él. Luego arrancó un sello de bolsillo y me preguntaron si quería unirme. Mi generación creció con este formato, yo no sabía quién leía los caros libros de tapa dura. Estaba muy contento. Publiqué a muchos autores americanos, porque los otros editores pensaban que no había público para esos títulos. Era mediados de los sesenta, la guerra de Vietnam, la contracultura... 
P. ¿Qué le atrajo de la literatura estadounidense?
R. Para mí fue la apertura de un mundo. Me costó muchos más años disfrutar de Jane Austen, su mundo de modales era tan distinto del mío, yo era indio y no lo suficientemente listo... Luego pasé una temporada en la que leía sus novelas cada año, curiosamente, en Navidad. Ya no.
Soy un lector compulsivo. No sé que haría si no estuviera leyendo. Es un hábito terrible.
Sonny Mehta
P. Desde el principio defendió la mezcla de títulos literarios con comerciales.
R. Sí, eso parece. Ha sido una de mis debilidades. Me encanta leer de todo y me encanta editar. Aquí Alfred Knopf publicaba traducciones, premios Nobel y luego a Dashiell Hammett o Raymond Chandler. Creo que es lo que hacen la mayoría de editores. Ahora, en grandes conglomerados.
P. Usted estuvo en primera línea en varias fusiones.
R. Bueno, siempre me mantuve en el asiento de atrás.
P. Parece que las traducciones han tenido un gran impacto en el mercado estadounidense en los últimos años.
R. Ahora hay más curiosidad con la escritura y con lo que pasa fuera de EE. UU., en general. Pero es algo minoritario, un nicho. Aunque quizá esto sea una generalización boba, porque ¿quién iba a pensar que una novela de misterio sueca iba a tener tanto éxito como lo tuvo Stieg Larsson, cuando aquí hay una tradición tan brillante en este género con Ellroy, Michael Connelly o John Grisham?
P. Habla de nicho. ¿El libro se está convirtiendo en uno?
R. Han pasado varias cosas, los periódicos dedican menos páginas a los libros. Pero hay otros medios para llegar a los lectores: agregadores y redes sociales. Hay que ver cómo dices a los lectores que los libros están ahí. Soy bastante optimista.
P. ¿Hay alguna característica particular del mundo de la edición en Nueva York?
R. No lo sé. Es más grande supongo, y está centrado en un solo escenario. Aunque ahora han surgido pequeños sellos, otro gran cambio. Mientras los grupos se han hecho más y más grandes, estos editores pequeños están dispuestos a asumir riesgos. Es interesante lo que ha pasado con Knausgard y Ferrante, publicados aquí por editoriales independientes. Es maravilloso que hayan encontrado una manera de editar estos libros que además están tan bien hechos, son bonitos. Es un síntoma de la salud intrínseca de nuestro negocio. ¿No cree?
P. ¿Aún le sorprende el éxito de títulos libros que han publicado otros?
R. Sí, absolutamente. Es alucinante lo poco que sabemos sobre lo que va a vender y lo que no. Esto no es ciencia, es cuestión de gusto.
Por cada libro que funciona hay otro que no funciona, eso siempre ha pasado.
Sonny Mehta
P. ¿Es estúpido tener un lector ideal en mente cuando se edita? ¿Sirven de algo los estudios de mercado?
R. Yo espero que mis editores que hablen de libros que les apasionan. La compra de un libro es solo el principio de un largo proceso y tienes que creer realmente en ello, el compromiso es largo, y tiene que haber algo que mantenga tu entusiasmo. A alguna gente los estudios de mercado les funcionan, pero en Knopf no trabajamos así. Nuestro éxito, o fracaso, depende de los editores.
P. ¿Complica el impacto que puede tener un libro la velocidad a la que van ahora las cosas?
R. Parece que ahora el ciclo de vida de un libro es más corto. Pero a veces pensamos que estas cosas son nuevas, y lo cierto es que siempre han formado parte del negocio. Igualmente, siempre ha habido libros que te han entusiasmado para los que no encuentras un público. Por cada libro que funciona hay otro que no funciona, eso ha pasado siempre. Todo lo que puedes hacer es fiarte de tu criterio.
Mientras charlaba Mehta se ha fumado un par de cigarrillos y, educadamente, ha atendido una subasta en la pantalla de su ordenador. ¿Aún le divierten las pujas por nuevos títulos? "Algunas veces. Especialmente si consigues algo que los demás están locos por tener. Eso es agradable".

viernes, 8 de enero de 2016

Muere en Nueva York el trompetista «Chocolate» Armenteros

El músico cubano había colaborado con artistas como Eddie Palmieri, Celia Cruz o Bebo Valdés, y formó parte del Septeto Santiaguero y de La Sonora Matancera

Alfredo «Chocolate» Armenteros

El trompetista cubano Alfredo «Chocolate» Armenteros murió el miércoles en Nueva York a los 87 años a consecuencia de un cáncer y ayer mismo fue incinerado su cadáver.
El músico, nacido en la provincia cubana de Las Villas, se trasladó a La Habana a los veinte años para unirse al Septeto Habanero, dirigido por Gerardo Martínez. Siguieron utilizando la trompeta de «Chocolate» La Sonora Matancera y la banda de Benny Moré, entre otros conjuntos, y también grabó con Bebo Valdés y Chico O'Farrill.
Llegó por primera vez a Nueva York en 1957, y se quedó a vivir permanentemente en esta ciudad a partir de 1960. En esta ciudad, en recintos como el teatro Apollo, llegó a acompañar a figuras como la sudafricana Miriam Makeba, Eddie y Charli Palmieri o Celia Cruz, y a finales de los años sesenta participó en una gira mundial con La Sonora Matancera.
«Chocolate» Armenteros ha estado en escenarios y estudios de grabación hasta el año pasado. El músico sufría cáncer de próstata y murió por complicaciones de ese mal en un centro de salud Peeksill, al norte de Nueva York. Según las fuentes, las cenizas han quedado en poder de su hijo Alfredo, con la intención de llevarlas a Cuba.
El 4 de abril se le rendirá un homenaje en Nueva York, coincidiendo con la fecha en la que habría cumplido 88 años.

¿Viajás a Nueva York? No te pierdas la “NYC Restaurant Week”

Viajes programados / Estados Unidos
Del 18 de enero al 5 de febrero se celebrará en la metrópoli una nueva edición de la Semana de los Restaurantes, con la participación récord de 372 establecimientos.



El gran evento gastronómico de Nueva York promete cifras récord. Del 18 de enero al 5 de febrero, la “NYC Restaurant Week Winter 2016” contará con la participación de 372 restaurantes distribuidos en los cinco distritos y 41 vecindarios de la metrópoli y ofrecerán almuerzos y cenas de tres platos a precio fijo por 25 y 38 dólares, respectivamente.
Durante 19 días, la edición más extensa que se haya realizado hasta ahora de la Semana de los Restaurantes en Nueva York, ofrecerá 34 estilos culinarios, 41 nuevos restaurantes y más de 25.000 publicaciones en Instagram (el hashtag será #NYCRestaurantWeek).


“Con la mayor cantidad de restaurantes participantes, como nunca antes, el éxito de la NYC Restaurant Week puede verse en los números. El programa continúa creciendo, atrayendo a más restaurantes notables, por lo que estamos ansiosos por dar la bienvenida a los comensales para que experimenten la mejor cocina de la ciudad a un precio más accesible”, afirmó Fred Dixon, presidente y CEO de NYC & Company, la organización oficial de marketing y turismo de la ciudad de Nueva York.
Tracy Nieporent, presidente del Comité de Restaurantes de NYC & Company, destacó: “La comunidad de restaurantes de Nueva York es dinámica, con excelentes platos servidos en cada distrito, que representan prácticamente a toda la cocina internacional. Comer es importante tanto para los neoyorkinos como nuestros invitados, y la NYC Restaurant Week Winter 2016 nos inspira para ofrecer la calidad, variedad y hospitalidad que hacen de Nueva York la capital mundial de los restaurantes”.


La NYC Restaurant Week es promocionada como parte de Unlock NYC, la campaña diseñada para disfrutar del invierno en Nueva York bajo el eslogan “Find a Winter Less Ordinary” (Descubra un invierno fuera de lo común). Durante este evento, el sitio nycgo.com/unlock brindará información y para acceder a los menúes y reservaciones figura la web nycgo.com/restaurantweek.

Así es el exclusivo colegio de Suri Cruise

La matrícula en el Avenues de Nueva York vale 41.000 euros, algo que contrasta con la educación humilde que quieren impartir a sus alumnos


Katie Holmes y Suri Cruise, en Nueva York.

Katie Holmes y Suri Cruise, en Nueva York. / CORDON PRESS
El proceso para preparar a los niños cuyas familias aspiran a que estudien en una universidad de prestigio como Harvard o Stanford empieza antes de que sepan leer, en los jardines de infancia de colegios privados que forman a las élites. La ciudad de Nueva York concentra diez de los 25 centros educativos más caros de Estados Unidos. El último en su sumarse a esta férrea competición es Avenues, donde el coste de la matrícula se acerca a los 45.000 dólares (41.000 euros).
Avenues, que abrió sus puertas hace cuatro años a los pies del parque voladizo que cruza el barrio de Chelsea, está considerado ya como el mayor proyecto de enseñanza privada en la historia de la ciudad. Pero la idea original del empresario Chris Whittle va más allá de las aguas que surcan Manhattan. El plan es crear una villa educativa global integrada por una quincena de campus en grandes capitales como Londres, París, Madrid o São Paulo durante los próximos cinco años.
Whittle, que en marzo dejó el cargo de consejero delegado de la institución que está revolucionando la enseñanza en Nueva York, planificó el proyecto durante cinco años. La filosofía es simple: dedica todos los recursos docentes a identificar la pasión de los estudiantes y así les ofrece el mayor conocimiento posible en esa área. Y todo esto alimentando un sentido de humildad, algo que puede ser complicado de aceptar para los hijos de padres extremadamente ricos.
Entre los primeros pasajeros de este viaje educativo se encuentra Suri Cruise. Las aulas en los pisos más altos miran hacia el High Line y por sus amplias ventanas entra la luz directa de la calle, sin obstáculos. En los pasillos hay pantallas en alta definición en la que los estudiantes, que reciben un portátil y una tableta electrónica nada más empezar el curso, pueden mostrar sus trabajos. La escuela ha establecido lazos además con las galerías de arte del barrio y con compañías tecnológicas como Google, que tienen sus sedes también en Chelsea.
No es extraño ver a Katie Holmes recogiendo a su hija al terminar las clases y haciendo las mismas cosas que hacen otros padres anónimos con sus hijos. El dinero de los gestores de fondos ni la fama de las estrellas de Hollywood, insisten desde el centro, son un factor al decidir como se trata a la familia ni a los estudiantes. Es más, insisten que lo que más les preocupa es crear a los nuevos ciudadanos del Siglo XXI y no formar a la próxima generación de reyes.
Pero pese a las buenas intenciones, Avenues empieza a parecerse cada vez más a los otros colegios privados de élite de Nueva York . El curso pasado recibió 350 solicitudes de admisión para 25 plazas que se abrían en el jardín de infancia. Es decir, no basta solo con tener dinero para superar el competitivo proceso de admisión. Para dar un cierto equilibrio el 10% de sus estudiantes se beneficia de algún tipo de ayuda financiera que les permite reducir notablemente el coste de la matrícula.
Avenues es aún muy joven en esta arena y sus estudiantes deben demostrar aún que el nuevo modelo que proclama es lo suficientemente robusto para batir a centros con varios siglos de tradición como la Trinity School en el Upper West Side. Este colegio, fundado en 1709, está considerado como el mejor a la hora de preparar a los estudiantes que aspiran a llegar al MIT o a una Universidad de la Ivy League.
Avenues, en Nueva York.
Avenues, en Nueva York. / FACEBOOK
Entre sus alumnos más ilustres se encuentra David Ebersman, el antiguo director financiero de Facebook. Las familias pudientes que buscan una educación más liberal, sin las rigideces de la escuela primaria tradicional, lo intentan en Ethical Culture, junto a Columbus Circle. Allí estudió Jill Abramson, la antigua directora ejecutiva del The New York Times, o Robert Oppenheimer, el director del proyecto científico que desarrollo la bomba atómica.
Justo al otro lado de Central Park está el The Browning School, una academia solo para niños en la que estudiaron John Rockefeller o el actual consejero delegado de JPMorgan Chase, Jamie Dimon. Y no muy lejos, subiendo diez calles por el Upper East Side, está el Birch Wathen Lenox, un colegio que empezó solo para niñas y en el que estudiaron la actriz Brook Shields o la presentadora Barbara Walters.
Los encargados de las admisiones de alumnos en Bank Street, otro de los colegios más deseados por las élites en Manhattan, deja claro que cada uno de estos centros tienen algo diferente que ofrecer. “Eso no significa que unos sean mejores que otros”, valoran, “todos tenemos puntos fuertes”. En Avenues, se presentan como la “Escuela del mundo”, es su programa de inmersión lingüística.
Es el único colegio en la ciudad de los rascacielos que ofrece una enseñanza bilingüe. Los estudiantes aprenden así matemáticas o música bien en español o en chino mandarín hasta que tienen 10 años. Un día se dedican a aprender en inglés y al siguiente pasan a la segunda lengua de elección. También se está considerando la posibilidad de ofrecer francés, pero ya para los alumnos de clases superiores.

domingo, 3 de enero de 2016

Colores del invierno en Nueva York

Picasso escultor y el veterano Frank Stella dominan la temporada de exposiciones en Manhattan. A ellos se une una fascinante incursión en el antiguo Egipto


La nueva sede del Museo Whitney, de Renzo Piano.
a nueva sede del Museo Whitney, obra del arquitecto italiano Renzo Piano.


Quienes hayan optado por disfrutar sus vacaciones navideñas en Nueva York van a encontrar una programación artística difícilmente superable en cualquier otra ciudad del mundo. Para empezar el recorrido, nada mejor que dirigirse a la Milla de los Museos, en la Quinta Avenida entre las calles 82 y 104. En el Met (Metropolitan Museum of Art) se puede ver una impresionante exposición dedicada al Antiguo Egipto (hasta el 24 de enero) en la que se nos cuenta cómo era aquella sociedad hace cuatro mil años, entre 2030 y 1650 antes de Cristo, durante las dinastías XI, XII y XIII. Más de mil piezas prestadas por 37 museos internacionales completan las fabulosas colecciones del Met.
Cuadros Frank Stella.
'Harran II' (1967), una de las abstracciones geométricas de Frank Stella.
Justo enfrente del museo, en la Neue Galerie, se recrea lo que fue la ciudad de Berlín durante la República de Weimar, el periodo comprendido entre la derrota de Alemania en la Primera Guerra Mundial y el triunfo del partido nazi en las elecciones de 1933. La inestabilidad política y crisis económica de esos años estuvieron acompañados de una febril actividad creativa, como lo demuestran las obras de pintores como Otto Dix, George Grosz, Rudolf Schlichter o Max Beckmann y escritores como Bertolt Brecht, Thomas Mann o Stefan Zweig. Es el momento de la creación de la Bauhaus y de películas como El Gabinete del Doctor Caligari, Nosferatu y Metrópolis.
A pocos pasos, otra exposición espectacular nos espera en el Museo Judío: el poder de la fotografía y el cine durante los comienzos de la revolución soviética, desde 1917 hasta 1932. En un inmenso país con el 70% de analfabetos, 200 piezas fotográficas y obras gráficas sirven para comprender la rompedora estética del colectivo Octubre, comandado por Aleksandr Ródchenko y los brillantes integrantes de la Asociación Rusa de Fotógrafos Proletarios.

Tres pistas en Harlem

Esculturas de Picasso
La escultura de Picasso 'Toro'.
Y desde la Milla de los Museos aprovechamos para acercarnos a Harlem, barrio que vive una profunda transformación, para pasear por la 116 y Frederick Douglass Boulevard, donde se encuentran tres restaurantes que merecen mucho la pena: Silvana, un israelí que programa conciertos de grupos de diferentes países africanos (300 Oeste, calle 116); Streetbird (2149, Frederick Douglass Boulevard), que ofrece cocina clásica sureña con el pollo como protagonista, y el siempre animado Harlem Tavern (2153, Frederick Douglass Boulevard).
La visita al MoMA (11 Oeste, calle 53) requiere media jornada para ver detenidamente dos notables exposiciones. Una está protagonizada por Picasso y sus esculturas (hasta el 7 de febrero), una actividad nada menor en la ingente producción del artista español. Más de 150 obras agrupadas por temas dan idea de su imbatible inventiva en un género que, a diferencia de la pintura, concebía como distracción doméstica, sin intención de ponerlo a la venta. La otra gran retrospectiva en este museo está dedicada al uruguayo Joaquín Torres-García bajo el título La Arcadia Moderna (hasta el 17 de febrero).
Al salir del MoMA podemos comer en el fantástico La Bonne Soupe (48 Oeste, calle 55), que ofrece extraordinaria cocina francesa en el centro de Manhattan.
Museos de Nueva York. / JAVIER BELLOSO
La tercera excursión cultural imprescindible estos días tiene como destino el Whitney Museum (en el 99 de la calle Gansevoort). Proyectado por Renzo Piano junto al río Hudson y dedicado al arte estadounidense moderno y contemporáneo, la exposición temporal en curso está dedicada a uno de los artistas vivos más revelentes, Frank Stella (Massachusetts, 1936). Con un montaje realizado por el propio artista, se recorren seis décadas de trabajo durante las cuales se ha reinventado una y otra vez. Están sus primeros trabajos minimalistas, su prospección en el expresionismo abstracto, sus gigantescos esmaltes coloreados de formas geométricas, sus pinturas sobre metal y sus lienzos irregulares, hasta acabar con unas grandes esculturas en negros y grises con las que parece querer retornar a sus orígenes minimalistas. Se puede aprovechar la visita al barrio de Chelsea para tomar una copa en el elegante Bar and Books (en el 636 de la calle Hudson), que tiene una amplia carta de whiskies.
Si nos queda tiempo libre, en la misma zona de Chelsea, en la galería Gagosian, sus enormes naves acogen la poesía de Giorgio Morandi. En Gladstone Gallery (130 Este, calle 64) se exponen dibujos eróticos de Pierre Klossowski, hermano menor de Balthus. Y, por último, una visita al Instituto Cervantes (211 Este, calle 49), donde con el títuloNueva York, solo para valientes, la escritora Elvira Lindo ha reunido a tres fotógrafos españoles que cámara en mano narran su experiencia en la ciudad: Sion Fullana (Mallorca, 1976), Fernando Sancho (Zaragoza, 1966) y Xavi Menós (Lleida, 1981). Merece la pena aprovechar la visita al Cervantes para degustar la extraordinaria cocina hindú del vecino Bukhara Grill, en el número 217 Este de la calle 49.

La desigualdad parte Nueva York en dos

Pese a la recuperación económica, la brecha crece en la ciudad. El censo de los sin techo ha crecido un 86% en 10 años y llega al récord pese al pleno empleo





El metro de Nueva York, esa gigante y envejecida red de trenes que turistas y artistas han convertido en un fetiche, es el único lugar de la ciudad donde las fronteras sociales se diluyen. El subsuelo tiene algo igualitario, ocho millones de personas con poco que ver entre sí se mezclan cada día en él y comparten espacio con las mismas ratas que campan por las estaciones. Al salir a la superficie, cada uno se va a su compartimento social: a sus dispares colegios o barrios, a servir bagels, a vender acciones o a tomar fotografías, todo a un ritmo frenético.
Solo caminan lentos los que cargan con maletas raídas y carros de la compra pero no pueden comprar nada, los sin techo, descolgados del sistema, ajenos al trajín. Nueva York siempre fue una ciudad de extremos, darwinista y algo tirana, pero ahora está partida en dos: el censo de indigentes ha aumentado hasta un 86% en los últimos 10 años y no ha sido en lo más duro de la Gran Recesión cuando ha tocado su máximo histórico, sino entre 2014 y 2015, cuando la ciudad ha vuelto a la cresta de la ola, con pleno empleo y un crecimiento más que robusto.
El martes durmieron 57.838 personas en los centros de acogida y casi la mitad son niños. Hay que volver a la Gran Depresión para encontrar esos niveles, dice la ONG Coalición para los Homeless.
El precio de los alquileres se ha disparado con la recuperación pero los sueldos de los trabajadores apenas han mejorado
Porque, paradójicamente, para muchos neoyorquinos la recuperación es un quebradero de cabeza. En octubre de 2009, el alquiler de un apartamento de dos habitaciones costaba una media mensual de 2.399 dólares, en el mismo mes de 2015 eran 4.058 dólares, según la base de datos inmobiliaria Rainmaker Insights.
Los sueldos no han acompañado. Si las ganancias de los negocios en el Estado de Nueva York han subido un 61% entre 2001 y 2013, los salarios de los trabajadores han crecido la mitad y no basta para cubrir la inflación, según el Instituto de Política Fiscal. Entre 2009 y 2012 los ingresos del 1% más rico del Estado han aumentado el 32% y la media del 99% restante mengua el 1%.
Cleotildo Polanco anda en alguna parte de esa ensalada de estadísticas. Toma el metro cada día en su barrio, Queens, para limpiar el aeropuerto JFK de diez de la noche a seis de la mañana. Saca 10,10 dólares por hora (1.616 al mes) que, cuenta, apenas le llegan para vivir. “Con menos no es que no se pueda pagar una vivienda; es no se puede pagar una habitación”, se queja.
Para valorar esos 1.600 dólares mensuales en Nueva York sirve uno de los anuncios del portal Oportunidades de Vivienda. Para poder solicitar un estudio en el Bronx de 867 dólares mensuales, que fue construido en un programa dirigido a “bajos salarios”, hay que acreditar un sueldo anual de entre 31.098 y 36.300 dólares.
La llamada 'gentrificación' está expulsando a las familias trabajadoras cada vez más lejos
Polanco, de 62 años, paga 650 dólares por una habitación en un piso compartido, a lo que se añaden 100 dólares mensuales por el seguro médico, electricidad, teléfono… “Pedimos un incremento hasta los 15 dólares por hora, que son una demanda justa”, dice.
Cuando en España se aborda la desigualdad, suele decirse que con más crecimiento y empleo la brecha menguará, pero EE UU enmienda esta idea. La capital de las finanzas, de la moda, de la cultura y del turismo carga no es capaz de resolver esa bolsa de pobreza. “Hay que desvincular el auge de la desigualdad con el crecimiento y fortalecer el poder de negociación de los trabajadores, si no, tendremos trabajadores pobres”, recalca Héctor Figueroa, presidente del sindicato del sector servicios, SEIU 32BJ. La campaña por los 15 dólares la hora ha tomado fuerza en ciudades como Los Ángeles o Nueva York y avanza en el sector público.
Para optar a un estudio en el Bronx protegido en un programa para personas con bajos salarios hay que ganar entre 31.000 y 36.000 dólares anuales
“La población de la ciudad seguirá siendo más y más rica, pero si llegásemos a un extremo, ¿dónde vivirán los que conducen los taxis, los que sirven la comida rápida o limpian las oficinas? Cada vez tendrán que desplazarse desde más lejos y llegará el momento en el que busquen empleo en otra ciudad”, advierte Sharon Zukin, profesora de Sociología de la City University of New York, que ha estudiado la gentrificación (de gentrification, en inglés), el fenómeno por el que los barrios desfavorecidos se van renovando y atrayendo a habitantes más pudientes que acaban por desplazar a los vecinos originarios.
Es algo sobre lo que también llama la atención Bruce Berger, profesor de Ciencias Políticas de la Universidad de Fordham. “De momento el mayor impacto de la creciente desigualdad es que la clase media tiende a desaparecer y en algún punto esto afectará a la mano de obra. Será más difícil contratar profesores, policías o empleados medios del sector privado, aunque el mercado inmobiliario en os barrios periféricos no son aún tan caros como para que una familia de clase media no pueda permitírselo”.
Bill de Blasio asumió hace dos años la alcaldía con la promesa de acabar con “la historia de dos ciudades”, parafraseando la novela de Dickens. Era el primer demócrata en llegar al Ayuntamiento en 20 años y prometió construir o preservar 200.00 viviendas asequibles. Está muy lejos de ello.
Polanco no se ha planteado volver a la República Dominicana, de donde procede, pese a la dureza de su vida en Nueva York. "Yo me quiero quedar aquí y luchar por tener unas condiciones y una vida dignas", recalca.
La ciudad recibe oleadas de estudiantes y profesionales que sueñan con hacer un hueco en la que no deja de ser es una de las ciudades más seductoras del mundo. Los bonus de los bancos baten récords y los teatros de Broadway siguen atestados de turistas que toman fotografías en el metro, esa red de trenes que los hombres de Dickens comparten con Wall Street.

Lower Manhattan skyline

Lower Manhattan skyline 





Manhattan skyline; the financial district and Highline.












viernes, 1 de enero de 2016

Nueva York abre la puerta a los microdepartamentos de 24 metros

La ciudad de los rascacielos comienza a permitir el alquiler de minipisos de nueva construcción con rentas mensuales de hasta 3150 dólares
Los microdepartamentos, la nueva opción de vivienda para los neoyorquinos
Los microdepartamentos, la nueva opción de vivienda para los neoyorquinos.Foto:Archivo

 La vida en Nueva York se hace cada vez más estrecha, hasta el punto de que la mayor ciudad de Estados Unidos está empezando a experimentar con el tamaño mínimo de sus departamentos para poder adaptar el mercado inmobiliario a unos precios desorbitados y una población cada vez más dominada por jóvenes solteros. La cuestión es si menos espacio para vivir equivale también a un alquiler más bajo. Y el primer experimento neoyorquino indica que no está tan claro, a la vista de los precios de más de 3000 dólares por espacios de menos de 30 metros.
El mínimo legal para construir un apartamento en Manhattan es de 37 metros cuadrados. Hay miles de viejos edificios por toda la ciudad de Nueva York que incumplen la normativa local que data de 1987. Pero para levantar edificios nuevos, las normas de espacio mínimo sí rigen. Sin embargo, hace tiempo que los vecinos en el barrio de Murray Hill escuchan hablar de los microdepartamentos en Carmel Place, un moderno edificio construido a base de módulos prefabricados. Los diminutos estudios que se ofrecen para alquilar tienen una superficie de entre 24 y 33 metros cuadrados.
Los pisos parecen espaciosos en las fotografías, aunque en realidad no sean mucho más grandes que un garaje o una baulera. Para poder construir este edificio, los promotores de Carmel Place tuvieron que solicitar una exención de la normativa de tamaño mínimo. "Queremos demostrar que se puede tener una vida de calidad en este espacio", señalan desde Stage 3 Properties.
La estrechez de la vivienda se nota cuando el sofá se convierte en cama. El espacio que queda entre los pies del colchón y el mueble en el que se apoya la televisión es justo para pasar hacia el pequeño balcón. Ayuda que los techos sean altos y que haya multitud de armarios. En la cocina se las han ingeniado los diseñadores para encajar un lavaplatos. El edificio empezará a ser ocupado a comienzos de 2016.

Precios astronómicos

El alcalde de Nueva York, Bill de Blasio, puso de ejemplo esta promoción como una opción para que los jóvenes puedan acceder a la vivienda a un precio razonable. Es una de las prioridades de su mandato. Pero no todos opinan igual al ver los precios. El precio es de 1500 dólares mensuales para los inquilinos que puedan acogerse al programa que tiene la ciudad para el acceso a una vivienda asequible. Sin esa ayuda, el alquiler mensual se dispara a entre 2650 y 3150 dólares.
Es un precio muy similar al que se ofrecen por estudios en los vecindarios de la zona y que está provocando la crítica de algunos concejales, porque lo ven como un paso atrás. El temor es que este tipo de apartamentos se conviertan ahora en el mínimo para fijar el alquiler y condenar a la gente a vivir en armarios.
La idea de los microdepartamentos es de Michael Bloomberg, que un año antes de dejar la alcaldía inició un programa patrocinado por el departamento de desarrollo urbano para el diseño de viviendas asequibles que se adapten a la nueva demografía de la ciudad. Los constructores y arquitectos esperan que este tipo de nuevas viviendas sirvan para cambiar las reglas de juego.
Los agentes inmobiliarios indican que cada vez hay más jóvenes que demandan este tipo de estudios, porque no se pueden pagar espacios mayores. San Francisco y Boston se encuentran entres las grandes ciudades que autorizan ya tipo de construcciones, mientras que en Seattle tratan de ponerle coto adoptando nueva legislación. El 28% de los hogares en EE UU están integrados por una sola persona.