New York Ultimate

lunes, 11 de abril de 2016

Nueva York contra Roman Abramóvich

El plan del oligarca ruso para unir tres casas históricas del Upper East Side en una sola mansión está bloqueado para proteger el patrimonio de la ciudad


El millonario ruso Roman Abramóvich.
El millonario ruso Roman Abramóvich. 

El mercado inmobiliario en la ciudad de Nueva York es un hueso duro de roer hasta para el emprendedor más curtido o la celebridad más influyente. Roman Abramóvich, que lleva años tratando de tener su propia mansión en el Upper East Side, se topa ahora con el rechazo de la agencia local que se encarga de proteger el patrimonio de la ciudad de los rascacielos, que le acaba de parar los planes para unir varias casas situadas en la calle 75.

Las propiedades que quiere unir Roman Abramóvich.
Las propiedades que quiere unir Roman Abramóvich.
El bloqueo a la obra se produce al año de que el oligarca ruso comprara los tres edificios de cinco plantas en una operación valorada en 69 millones de euros. Eso sin contar lo que cuesta unirlas, como quiere su mujer Dasha Zhukova, para convertirlas en una de las mansiones más grandes en Manhattan. El ambicioso proyecto del patrón del Chelsea está ahora en el aire.
La Comisión para la Preservación de Monumentos Históricos acaba de rechazar el plan para transformar las tres estructuras del bloque. La ciudad de Nueva Yorkno acepta que eche abajo tres edificios, dos diseñados por el arquitecto William Mowbray y el tercero de la época de Henry Polhemus. La ciudad los considera un patrimonio que debe ser protegido.

La demolición de las fachadas y el interior, por tanto, no está justificada ni permitida. “Sería como borrar una parte de la historia de la ciudad”, indicaron los responsables de la agencia de preservación al diario británico The Telegraph. Eso va a obligar a Abramóvich a modificar todo el diseño y a renunciar a algunas ideas, como la de crear un jardín voladizo.
El ruso no es ajeno tampoco a estas batallas inmobiliarias. Le llevó tres años conseguir la autorización para la mansión de 140 millones que tiene en Londres, en una de las calles más caras de la capital británica. El diseño para la de Nueva York, de hecho, es casi idéntico al de Cheney Walk.
Ahora debe presentar una nueva propuesta que respete los requerimientos de la ciudad. “Solo esperamos que a partir de ahora el nuevo dueño tenga la sensibilidad hacia estas tres casas históricas y hacia todo el bloque”, le piden los responsables del consejo histórico del distrito en el Upper East Side, que consideran que la obra propuesta es llevar el consumismo a su máxima expresión. Consideran, además, que no se puede poner la “uniformidad por encima de la autenticidad”.
El empresario ruso ya trató antes de meterse en este proyecto de hacerse con la propiedad del Berwind, situado en la calle 64 con la QuintaAvenida y que fue propiedad del magnate británico Howard Ronson. Ahí tuvo que lidiar con la oposición de la viuda, que se enrocó y decidió no vender la propiedad pese a los 75 millones de dólares que le puso sobre la mesa. Es un edificio único.

Portentoso retrato de Nueva York

Garth Risk Hallberg retrata en 'Ciudad en llamas' los submundos de una urbe tan fascinante como peligrosa. Una novela de altura pero no exenta de defectos

Saqueadores en Brooklyn (Nueva York) en 1977.
Saqueadores en Brooklyn (Nueva York) en 1977. 


Una noche, durante un cóctel en un hotel de moda, un crítico y bloguero que jamás había publicado ningún libro, Garth Hallberg, coincidió con Chris Parris-Lamb, el agente literario del momento, conocido por su habilidad para sellar contratos millonarios. Lamb y Hallberg tenían treinta y tantos años y eran ambos oriundos de Carolina del Norte. Cuando el escritor le contó que acababa de poner fin a una novela de más de un millar de páginas que había tardado nueve años en completar, Parris-Lamb le pidió que se la hiciera llegar. Unas semanas después el manuscrito de Ciudad en llamas obraba en poder de las 12 editoriales más influyentes del país, de las cuales 10 mostraron un interés fuera de lo normal por publicarlo. El forcejeo se saldó a favor de la editorial Knopf, que pagó un adelanto de dos millones de dólares, cifra récord para una primera novela. Una productora de Hollywood desembolsó un millón de dólares más por los derechos cinematográficos.
Por medio de un lenguaje limpio, velocísimo, eficaz, de un virtuosismo que en algún momento puede resultar excesivo, Hallberg logra una visión novelística de gran altura, aunque no exenta de defectos
Son muchos los novelistas que se han ocupado de Nueva York cuya sombra se proyecta sobre la novela de Hallberg, desde clásicos como Fitzgerald y Salinger hasta contemporáneos como Richard Price, Jonathan Lethem y Michael Chabon. Más específicamente, la crítica ha comparado Ciudad en llamas con El jilguero, de Donna Tartt, y La hoguera de las vanidades, de Tom Wolfe. Por lo que se refiere a la primera, aunque la deuda con Dickens es en ambos casos muy profunda, las diferencia la ausencia total de concesiones por parte de Hallberg tanto al sentimentalismo fácil como a la voluntad de complacer al gran público, rebajando las exigencias artísticas. Aunque por el tema y por la visión panorámica de Nueva York la novela es comparable a La hoguera de las vanidades, también en este caso hay diferencias abismales. Mientras que la de Wolfe es un reportaje en clave de ficción, la de Hallberg es la obra de un novelista innato que se inscribe dentro de la más alta tradición narrativa de su país. A diferencia de Wolfe y Tartt, Hallberg hace una literatura que está destinada a durar. Ciudad en llamas está mucho más cerca de una novela como Submundo, aunque Hallberg carece aún de una trayectoria que permita augurar si algún día llegará a la altura de Don DeLillo.
El retrato que se hace de Nueva York en Ciudad en llamas es sencillamente portentoso. La acción arranca durante la Nochebuena de 1976 en Central Park, escenario de un crimen que se convierte en el eje de todo el trazado narrativo, y culmina el 13 de julio de 1977, fecha del segundo gran apagón de Nueva York, durante el cual la ciudad se convirtió en una orgía de caos, violencia, saqueos e incendios provocados. La novela retrata los submundos de la droga, el sexo, el punk y la corrupción política a la vez que se adentra en las vidas de una docena de personajes cuyas trayectorias se cruzan de manera vertiginosa. Hallberg recrea una época en la que Nueva York era un lugar tan fascinante como peligroso, recorriendo con visión cinemática los escenarios de una ciudad convulsa: el Bronx en llamas, los solares cubiertos de escombros de Hell’s Kitchen, la desolación de Alphabet City y el East Village, las mansiones de los ricos y los tugurios de los destituidos. Hallberg domina todos los aspectos del buen novelar en su sentido clásico: crea con solvencia una amplia galería de personajes, dando vida a escenas inolvidables y haciendo que se entrecrucen innumerables líneas argumentales.
Ciudad en llamas es una construcción narrativa compleja. En torno al núcleo central gravitan múltiples historias e interludios, algunos de los cuales incorporan elementos como páginas manuscritas, transcripciones, cuadernos artísticos o fanzines. Por medio de un lenguaje limpio, velocísimo, eficaz, de un virtuosismo que en algún momento puede resultar excesivo, Hallberg logra una visión novelística de gran altura, aunque no exenta de defectos: ¿El texto habría ganado si un severo trabajo de edición hubiera eliminado un buen número de páginas? ¿Las sorpresas del argumento resultan en alguna ocasión inverosímiles? ¿La brillantez del lenguaje incurre a veces en manierismos prescindibles? ¿O se trata de una apuesta que hay que aceptar de manera global? Tal vez lo que mejor dé la medida del talento de Hallberg sea su habilidad en el manejo del tiempo como elemento esencial del proceso narrativo, no sólo desde el punto de vista técnico, sino de una manera intuitiva, tanto por lo que se refiere al tiempo interno en el que se mueve la conciencia de los personajes, como (sobre todo) por la manera en que la novela logra atrapar el flujo de la historia.
En Ciudad en llamas la reconstrucción del pasado se configura como premonición del futuro: el apagón remite de manera profética a catástrofes que vendrían después: la crisis del sida, la crisis financiera de 2008, que arrastró tras de sí al resto del mundo, y por supuesto la destrucción de las Torres Gemelas, hecho acaecido en Nueva York que cambiaría el curso de la historia.

viernes, 8 de abril de 2016

Subastarán en Nueva York pistolas de Simón Bolívar


Las pistolas que pertenecieron a GeorgeWashington y que fueron regaladas al héroe independentista latinoamericano Simón Bolívar el Marqués de Lafayette.


La próxima semana, en Nueva York, el mazo del rematador dará el martillazo final en la subasta de un par de pistolas ornamentadas del siglo XIX que encarnan la historia de tres generaciones de revolucionarios de tres continentes que dieron forma al continente americano.

Las pistolas — incrustadas con símbolos de la mitología grecorromana — pertenecieron al héroe de la independencia latinoamericana Simón Bolívar. A su muerte en 1830, a los 47 años, había liberado a seis naciones de la dominación española.Pero lo que está provocando interés es quién se las regaló.

Se creía que las armas eran un regalo hecho a Bolívar por el marqués de Lafayette, el aristócrata convertido en revolucionario que luchó en las guerras de independencia francesa y estadounidense.
Según se cuenta, en 1825 la familia del difunto George Washington estaba tan impresionada con Bolívar (ellos se referían a él como el “Washington del Sur”) que le enviaron un retrato del primer presidente estadounidense, un rizo de su cabello y una medalla. Se cree que fue como parte de ese paquete de obsequios revolucionarios que Lafayette le envió a Bolívar las pistolas, fabricadas por Nicolas-Noel Boutet, armero del propio Napoleón.

Washington, Lafayette y Bolívar pertenecían a tres generaciones diferentes, pero los tres defendían los mismos valores, y Bolívar, el más joven, admiraba abiertamente a los otros.
“Al ser un hijo del Iluminismo, él creció oyendo hablar de Washington y de Lafayette, y quiso traer esos ideales a Sudamérica, ese era su más ferviente deseo”, dijo Becky MacGuire, directora de ventas excepcionales de Christie’s en Nueva York, donde las armas serán subastadas el 13 de abril. “El hermoso gesto de Lafayette de darle esas pistolas, fue como si estuviera pasando la antorcha a este hombre más joven”.

Cuando Bolívar se enteró de los regalos que le estaban siendo enviados por su héroe francés y la familia de Washington, dictó una nota en marzo de 1826, a Lafayette.
“¿Qué mortal podrías ser jamás digno de los honores que [Su Excelencia] y Mount Vernon se han dignado concederme?”, escribió desde Lima, Perú.
Por desgracia para los anticuarios, esa es la única referencia posible a las pistolas hecha por Bolívar de la que haya quedado constancia por escrito.

Pero no hay duda de que Lafayette y Bolívar eran amigos. Aunque nunca se conocieron en persona, ellos se escribían cartas cálidas, dijo Marie Arana, autora de la biografía Bolívar publicada en el 2014, y presidenta de Culturas de los Países del Sur en la Biblioteca del Congreso.
En una carta, Bolívar saluda a Lafayette como “héroe ciudadano, atleta de la libertad, quien con una mano ha servido a América y con la otra al Viejo Mundo”.

Y es probable que hayan sido Lafayette y el representante de Kentucky Henry Clay (también partidario entusiasta de Bolívar) quienes mantenían al tanto a la familia de Washington de las hazañas del joven latinoamericano.
“Washington pertenecía a una generación completamente diferente. Él estaba bebiendo con sus soldados en Manhattan, atando los cabos finales de la revolución, en el año en que nació Bolívar, 1783”, dijo Arana. “Pero la familia de Washington entendió, a partir de todo lo que escuchaban de labios de Clay y Lafayette, que este era un individuo excepcional”.

De mano en mano

El modo en que las pistolas sobrevivieron estos siglos y acabaron en una casa de subastas en Manhattan depende tanto de la amistad como de la historia. En 1830, pocos meses antes de su muerte en la ciudad costera de Santa Marta, Bolívar donó su residencia de Bogotá a su viejo amigo José Ignacio París.
La hacienda, que se conoce ahora como Quinta de Bolívar, había sigo dada al Libertador como gesto de agradecimiento por la recién creada República de Colombia. Fue durante o después de ese cambio de dueño que las pistolas quedaron en manos de París, aunque, de nuevo, no hay constancia escrita del intercambio.

En 1851, sin embargo, las pistolas reaparecen, cuando el hijo de París, Enrique, se las vendió a Enrique Grice, un rico anglocolombiano. En el momento de la transacción, París hijo entregó además un documento y dos declaraciones juradas afirmando que las pistolas “le fueron regaladas por el general Lafayette a Su Excelencia el Libertador de Colombia en 1825”.
El documento añade que Grice las está recibiendo “en las mismas condiciones en que fueron entregadas por Simón Bolívar”.
Después de Grice, pasaron a la célebre colección de armas de William Goodwin Renwick antes de ser vendidas de nuevo en 1973 a coleccionistas anónimos de Estados Unidos y Latinoamérica.
A pesar de ser un ícono de la región, sobre todo en los seis países liberados por él — Venezuela, Bolivia, Perú, Colombia, Panamá y Ecuador — pocos efectos personales de Bolívar han sobrevivido.

Pocas reliquias

De las nueve pistolas de la colección en el museo de la Quinta de Bolívar en Bogotá, sólo una se ha confirmado que perteneció a Bolívar.
En el 2004, Christie’s vendió un par de pistolas que Bolívar había obsequiado a uno de sus amigos, Ricardo Illingworth. Ese par se vendió por $1.69 millones y pertenece ahora al gobierno de Venezuela. En 1988, un grupo de artículos más pequeños de Bolívar fueron vendidos por Christie’s al Banco Central de Venezuela.
Representantes del Banco Central y de la red de museos bolivarianos de Venezuela no respondieron a reiteradas solicitudes de entrevista. Christie’s dijo que todos los pujadores potenciales permanecerían anónimos, pero que esperaban interés de parte de clientes latinoamericanos.
Una de las reliquias más famosas de Bolívar — su espada — tiene su propia historia, más moderna.
El 17 de enero de 1974, el grupo de guerrilla urbana de Colombia M-19 entró a la fuerza en el museo de la Quinta de Bolívar y se la llevó.
La nota dejada por ellos en su lugar rezaba: “Bolívar no está muerto. Su espada ha roto las telarañas del museo para participar en las batallas de hoy. Está en nuestras manos, y ahora apunta a aquellos que explotan al pueblo”. La espada no sería devuelta hasta 1991.
Pero las pistolas cuentan con un epílogo más amargo. Arana dijo que en septiembre de 1830, cuando Bolívar estaba “ya atormentado, enfermo y moribundo”, recibió una carta de Lafayette.
Aunque elogiando la valentía de Bolívar, Lafayette le reprochó el haberse declarado presidente vitalicio. Además, cuestionó la decisión de Bolívar de desterrar a Francisco de Paula Santander, antiguo aliado acusado de conspirar para matar al Libertador.
“Fue una especie de golpe de gracia para Bolívar”, explicó Arana. “Bolívar dijo poco después que él renunciaba a todo... ‘todo el mundo está en contra mía, hasta mis admiradores están en contra mía’ ”.
Bolívar murió tres meses más tarde.
El miércoles, los admiradores de Bolívar podrán pujar por sus pistolas. El costo estimado de poner su dedo en el histórico gatillo es de entre $1.5 millones y $2.5 millones.




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Nueva York se une a la guerra contra el tabaco en el deporte

Los peloteros tendrán que adaptarse a la nueva medida



NUEVA YORK.- El alcalde de Nueva York, Bill De Blasio, aprobó una propuesta que prohíbe el uso de productos de tabaco masticables, de todos los estadios de béisbol, arenas deportivas y zonas recreativas.
 
De Blasio promulgó el miércoles la propuesta y dijo que la misma es importante para la salud de los peloteros y ciudadanos de Nueva York.
 
El consejo de la ciudad aprobó  el mes pasado por una votación de 44-3 la iniciativa de ley planteada por el concejal Corey Johnson.
 
Prohibiciones similares se han promulgado previamente en lugares que incluyen los estadios en Boston, Los Ángeles y San Francisco. Tanto los Mets como los Yanquis se han pronunciado a favor de la medida.
 
Matthew Myers, presidente de la Campaña para Niños Libres de Tabaco, dijo que la medida envía un mensaje a ``los aficionados jóvenes, de que masticar tabaco es peligroso y no debe ser una parte aceptable de la cultura deportiva''.


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viernes, 1 de abril de 2016

Mar Shirasuna, el fotógrafo que captura la vertiginosa belleza de Nueva York





VERtigo o libertad? Lo que está claro es que el fotógrafo japonés Mar Shirasuna no le tiene miedo a las alturas. Ni tampoco sus modelos. Muy cerca del cielo, sobre las ciudades de Nueva York y Japón, Shirasuna se ha dedicado a retratar a diferentes mujeres que coquetean con el vacío sobre los rascacielos más altos de la metrópoli.
"La fotografía captura momentos íntimos, proporcionando el sentido", explica el autor en su página oficial. Y es que Shirasuna ha sabido aunar belleza y vértigoconsiguiendo un resultado sorprendente. Una idea que comenzó con la intención de mostrar de manera original el épico 'skyline' neoyorquino presentado por una mujer llamativa y con el Empire State de telón de fondo, pero que se acabó contagiando al resto de rascacielos de la zona. Después de tres años de intenso trabajo y de recorrerse más de 150 edificios de la Gran Manzana, esa idea ha ido evolucionando hacia un conjunto de retratos que enseñan una forma completamente nueva de fotografiar la ciudad.


Shirasuna cuenta con una amplia experiencia en el ámbito de la fotografía, colaborando con marcas como Adidas Tokyo, con revistas como Arsenic Magazine, Yume Magazine o Mr. Goodlife y periódicos como el NYDailynews. Aunque lo cierto es que son las imágenes de seductoras modelos al filo de los rascacielos las que han dado a conocer el trabajo del fotógrafo japonés. La mayor parte de sus fotografías se pueden ver a través de su perfil de Instagram, que cuenta ya con casi 80.000 seguidores. "En este momento estamos viviendo la epidemia del 'selfie'. Mi reto en este proyecto era reinventarlo, recrearlo y hacer de las autofotos algo mucho más bello y creativo", explica el autor.
"Elijo edificios donde sé que las vistas van a ser espectaculares. Y algo que me apasiona de Nueva York es que a pesar de llevar viviendo aquí más de 20 años, siempre encuentro un lugar nuevo desde el que fotografiar. Hoy puedo encontrar una vista preciosa que no existía ayer, y mañana una que hoy no sé que existe. Eso es lo realmente bello de todo esto", sostiene Shirasuna. Más de 50 modelos han pasado por el objetivo del fotógrafo, pero aún así, no dejan de llegarle solicitudes de mujeres que desean formar parte de esos retratos que les permiten, por unos instantes, sentir toda la intensidad de la metrópoli bajo sus pies.