martes, 17 de mayo de 2016

Mi primera vez en Nueva York

Dicen que hay amores a primera vista. Puede ocurrir con una persona, un vestido o un par de zapatos y, por supuesto, una ciudad. Eso me pasó con Nueva York en 1997.

Nueva York huele a perrito caliente, a kebab y a pizza. Su ruido puede resultar ensordecedor, y su ritmo, estresante, pero es una de las urbes más fascinantes del mundo. Sigue leyendo porque en Skyscanner te cuento cómo fue mi primera vez en Nueva York y por qué es la ciudad de mi vida.

Tenía 22 años cuando la pisé por primera vez, en 1997. Fue con mis tías maternas en un viaje organizado con el que también recorrimos Washington, Filadelfia, Los Ángeles,San Francisco y Las Vegas, además de algunos de los más bellos parques de la Costa Oeste: Yosemite, Bryce Canyon o el incomparable Grand Canyon.
A esa edad, mi idea de la Gran Manzana se había moldeado a base de películas y series de televisión, como ‘Friends’, una de las más famosas en aquella época. ¿Lo más curioso? Esta sitcom se rodaba en realidad en California, aunque algunos planos exteriores sí correspondían a Nueva York, como la casa donde vivían Rachel, Monica, Chandler y Joey, en la esquina entre Grove St y Bedford St, en el barrio de Greenwich Village, o la cafetería Central Perk, que tan buenos ratos nos hizo pasar a todos sus fans.
Manhattan a vista de pájaro
Como os decía, fue un viaje organizado, con alojamiento en uno de los mejores hoteles de Manhattan y visitas reservadas de antemano con guía en una furgoneta privada. Aunque es una forma maravillosa de conocer cualquier destino, en sucesivas ocasiones he buscado yo misma dónde dormir y, finalmente, me he aficionado a los apartamentos, mucho más económicos que una habitación de hotel y, definitivamente, mucho más amplios, a no ser que puedas permitirte la Presidential Suite del Mandarin Oriental.
Por mi afición al Séptimo Arte, mis primeros recuerdos son diferentes escenarios de películas rodadas en Manhattan: ‘Taxi Driver’, ‘Annie Hall’, ‘King Kong’, ‘El Padrino II’,‘Big’, ‘Cuando Harry encontró a Sally’, ‘Solo en casa’... En cada parada, aprovechaba para interrogar a nuestro cicerone sobre qué largometrajes se habían rodado cerca, sí, y reconozco que tuvo una paciencia infinita...
Pero, aunque Nueva York es en sí un enorme plató de cine, tiene cientos de lugares que la hacen impar en el planeta. Aquí te cuento por qué es la ciudad de mi vida y los sitios a los que, a buen seguro, regresaré por sexta vez:

Por su incomparable skyline

Sí, hay muchos skylines en el globo terráqueo y algunos, como el de Tokio, no tienen nada que envidiar al de Manhattan, pero, mires desde donde mires, sus rascacielos resultan únicos y, sobre todo, característicos. En mi primera visita aún existían las Torres Gemelas, a donde tuve la enorme suerte de subir y desde allí contemplar la isla a vista de pájaro. Cuando regresé a Nueva York, un año después de la caída de aquéllas, todavía recuerdo la impresión que me causó la Zona Cero, una sensación descomunal de vacío e incomprensión que se ha acentuado en siguientes viajes. Si bien es cierto que esa tragedia nunca será olvidada, es reconfortante que la Torre de la Libertad se haya erigido en homenaje a las casi 3.000 víctimas del atentado contra el World Trade Center. A falta de este complejo, las mejores vistas de la isla pueden contemplarse desdeRockefeller Center o el Empire State, otros dos clásicos en los que quedarse con la boca abierta.
Skyline de Nueva York

Por su multiculturalidad

Nueva York es la ciudad de las mil caras. Desde Battery Park hasta el Bronx, existen decenas de imágenes que se grabarán en tu retina como ocurrió en la mía, y que no tienen absolutamente nada que ver unas con otras.
-Times Square: late al ritmo de sirenas de policías y miles de turistas fotografiando sus letreros luminosos. Es imposible no sentirse vivo y desear regresar un 31 de diciembre para contemplar en directo cómo se brinda la bienvenida al año nuevo.
-Chinatown: nos alojamos en un pequeño apartamento de este barrio la última vez. A mi pareja le espantó, pero a mí me pareció una experiencia única. Nunca pierdo la oportunidad de comer o cenar en alguno de sus restaurantes, auténticos donde los haya. ¿Mi favorito? Joe’s Shangai, en Pell Street.
-Little Italy: era un señor barrio en 1997 y son tan sólo unas pocas calles en la actualidad. Absorbido por la comunidad china, todavía cuenta con un puñado de establecimientos en los que saborear buena comida italiana. Muy cerca, en Spring Street, las pizzas de Lombardi’s presumen de ser las más antiguas de Manhattan, desde 1905.
-Bronx: mi primera toma de contacto fue en una furgoneta durante uno de los típicos tours que recorren la isla. Los cristales eran tintados, y nuestro guía nos advirtió que en ningún momento bajáramos las ventanillas. Entonces era un hervidero de traficantes de droga y prostitutas y uno de los lugares más peligrosos de los Estados Unidos. Aunque el sureste sigue siendo conflictivo, ha sufrido un gran cambio en dos décadas y nada impide pasear por allí, con prudencia, claro.
-Harlem: emblema del problema racial del país y centro de la comunidad negra, sus grafitis son uno de los símbolos de la ciudad. Allí se encuentra The Hispanic Society of America, con una impresionante colección de pinturas de Sorolla, Goya o El Greco.
-Upper East Side: fue el barrio elegido para alojarnos en nuestro penúltimo viaje. Una oportunidad única para sentirnos como auténticos neoyorquinos en uno de los barrios más acomodados de la ciudad, desde un apartamento en la planta 17 de un lujoso condominio con una maravillosa piscina climatizada. Niños regresando a sus casas acompañados por sus niñeras asiáticas y coches de varios cientos de miles de dólares son dos de las estampas más típicas de esta zona.
-Fifth Avenue: los amantes de las compras se sentirán como pez en el agua en la Quinta Avenida. En la mayoría de sus tiendas ‘se mira, pero no se toca’. Las boutiques de las firmas más caras se concentran en esta calle que hizo famosa Audrey Hepburn en‘Breakfast at Tiffany’s’. Date el gustazo de entrar y curiosear en la joyería escenario de la película. Yo lo hice, y aseguro que nadie me miró mal, pues si algo saben los comerciantes neoyorquinos es que no sólo hace falta vestir de Chanel para ser millonario. Y, en el número 1.000 de la Quinta Avenida, visita el Metropolitan, uno de los mejores museos de la ciudad junto al MOMA o la colección Frick, mi favorita de Manhattan. Recuerda que en el Met, aunque te indiquen el precio aproximado de la entrada, es a voluntad del visitante, no siendo obligatorio pagar.
-Financial District: ese ejecutivo encorbatado cuyos trajes de chaqueta cuestan lo mismo que tres sueldos mensuales del común de los mortales es otra de las instantáneas más características de la Gran Manzana. Wall Street, que podía visitarse antes del 11S, es pura vida de lunes a viernes.
Chinatown

Porque el brunch es único

Aunque se inventó en Londres, los neoyorquinos convirtieron el brunch en una religión que hay que practicar cada domingo, llueva o haga sol. Esta mezcla de desayuno (breakfast) y comida (lunch) puede disfrutarse en muchos restaurantes desde las 10 de la mañana hasta las 4 de la tarde. Abre apetito con un Bloody Mary, también excelente para las resacas, y decide entre dulce o salado. Hay cientos de lugares donde brunchear por una amplia variedad de precios y estilos de comida.
Uno de los que brinda mejores vistas es el de la azotea del 230 Fifth. Por 29 dólares puedes comer sin límite todos lo que tu estómago aguante: huevos revueltos o Benedictine, tortitas, sándwiches cubanos, ensaladas, hamburguesas, hot dogs, pollo frito, bagels… La bebida se paga aparte, pero merece la pena hacerse con un Bellini y deleitarse contemplando la majestuosidad del Empire State. Si te apetece darte un capricho, ponte tus mejores galas y reserva en Norma’s, el restaurante del hotel The Parker Méredien. Tú decides si conformarte con unos huevos Benedictine o unbreakfast burrito, o tirar la casa por la ventana y gastar los 1.000 dólares que cuesta The Zillion Dollar Lobster Frittata, una tortilla con medio kilo de langosta y casi 300 gramos de caviar.
Huevos Benedictine

Porque Broadway es mágico

Es una de las avenidas más famosas de Nueva York. Atraviesa cientos de calles y Times Square, y en ella se concentra una de las mayores ofertas de ocio del mundo. 19 teatros conforman el ‘Circuito de Broadway’, donde se representan la mayoría de espectáculos en habla inglesa que triunfan en el resto del mundo. Aunque no te gusten los musicales, no debes irte sin contemplar alguno. Yo tuve la suerte de ver ‘Aida’ en mi segunda visita y aún recuerdo la grandiosidad de la puesta en escena y el teatro donde se exhibía. Fue una noche muy especial y a día de hoy es difícil imaginar lo que nos costó comprar las entradas desde España, ya que hablamos de quince años atrás, cuando el acceso a Internet era limitado y las compras con tarjeta de crédito no muy recomendables. Para no complicarte en tu futura visita, recuerda que TKTS es una tienda en la que puedes adquirir tickets para el mismo día a precios reducidos, si bien, en asientos bastantes malos y tras colas que pueden durar varias horas.
Vistas desde Rockefeller Center

Porque es la ciudad que nunca duerme

Sí, Carrie Bradshaw y sus amigas salían cada noche de picos pardos sin importar qué día de la semana fuera. Y es cierto. Desde la inauguración de una exposición de arte en el Meatpacking hasta una fiesta en la azotea del hotel de moda o una sesión de música electrónica en Brooklyn, es casi imposible aburrirse en Nueva York pasadas las ocho de la tarde. Echa un vistazo a este otro artículo de Skyscanner sobre las mejores discotecas de la Gran Manzana y recuerda que en la mayoría de ellas te pedirán una identificación que acredite que eres mayor de 18 años y, en fin de semana, deberás armarte de santa paciencia para soportar largas esperas, aunque merecerá la pena.

¿Has estado en Nueva York? ¿Conoces otros lugares que recomiendes visitar o que te hayan enamorado? ¡Cuéntalo en los comentarios!

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