domingo, 27 de marzo de 2016

La libertad en Nueva York de María José Carrascosa

Primera entrevista tras pasar 9 años en prisión por traerse a su hija a España
Durante la cárcel ha perdido familia. Su madre padece alzhéimer "y se queda ciega"
Sus progenitores ya tienen 80 años... Dejó a su hija con 6 y casi cumple 16


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Entre rascacielos y tiendas de lujo en la Quinta Avenida, María José Carrascosa camina por Manhattan disfrutando de los pequeños placeres que tiene la libertad: un capuchino, su café favorito; la vista de Central Park, que le trae recuerdos de cuando iba de fiesta con su hermana en la zona noble de la ciudad; o el sol que sale intermitentemente para dar la bienvenida a la primavera. A punto de cumplir su primer año fuera de la prisión de Bergen County (Nueva Jersey), la española sonríe a la vida y relata en una entrevista a Crónica su historia, las lecciones aprendidas y sus sueños. Avanza cómo van los preparativos de su libro A broken American dream (Un sueño americano roto), pues ha decidido escribir su propia historia, la de la madre valenciana condenada a 14 años de cárcel en EEUU por llevarse a su hija a España. Aún sigue pagando por ello.
"Durante los nueve años que estuve en prisión tenía que pedir permiso para ir al baño, andaba al paso por la derecha de un pasillo y con las manos abiertas para que se viera que no escondía nada, dormía con un ojo medio abierto porque no sabes que te puede pasar durmiendo con criminales... Ha sido muy duro, pero también ha sido una lección de humildad impresionante", reflexiona la abogada Carrascosa 11 meses después de haber salido de la cárcel tras ser condenada a 56 años de prisión en Nueva Jersey -que se quedaron en 14- por "interferir en la custodia" de su hija Victoria Solenne.
La letrada española, de 50 años, no es técnicamente libre porque está en libertad vigilada, explica durante la entrevista en la planta 23 del edificio en Madison Avenue donde están las oficinas de su abogado, John Drohan. Carrascosa sigue peleando judicialmente para ser exonerada por un tribunal federal de apelaciones en EEUU yreunirse con su hija y sus padres. Está convencida de que no ha hecho nada malo sino lo que debía hacer como madre para proteger a su nena.

Desde el pasado 24 de abril puede vivir ya fuera de prisión, aunque sea con libertad vigilada. "Tengo hora, como Cenicienta, pero a las 11 de la noche para la supervisión" de la condicional, explica de manera sosegada al responder qué echa de menos en su actual condición.

¿Qué cosas no ha podido hacer en esta libertad vigilada?
 Me muero de ganas por ir a una obra de Broadway, pero no puedo por la hora. Tampoco puedo viajar, pasar una noche fuera o conducir, que me encanta.
Pues habrá que ir a un matinal para tachar el musical de la lista.
(Risas) Es una posibilidad.
¿Qué echaba de menos mientras estaba en la cárcel?
Ir a comprar, tomar un café mientras leía un periódico o una revista en una cafetería. Ahora lo aprecio mucho más que antes, cuando lo daba por supuesto. Ya no doy nada por seguro.
¿Cuándo cree que podrá viajar a España?
Pensábamos que tendríamos la decisión en diciembre, pero se ha alargado. A principios de enero cambió el juez y el nuevo fue nombrado a finales de ese mes. No sé si será bueno o malo.
¿Qué va a hacer cuándo sea completamente libre?
Llegar a mi nena, a mis padres, y pegarme con superglue.
Esa es la expresión que utiliza Carrascosa en el primer capítulo de Un sueño americano roto para describir cómo madre e hija se despedían cuando era pequeña. La abogada empezó a escribir el libro al salir del penal para contar su historia sin intermediarios y para que los lectores "hagan conmigo el viaje que he hecho, mi calvario, y que sean los jueces, jurados y testigos que no tuve". Del texto de la escritora Reyes Monforte sobre su caso, titulado Amor Cruel, prefiere no hablar. "Lo cuento todo en mi libro", dice para cerrar ese agrio capítulo.
Asegura que darle forma a su manuscrito no ha sido una tarea fácil porque le ha tocadorevivir muchos episodios dolorosos de la última década al repasar las transcripciones, hablar con gente y poner la parte de sus "agresores". Con estas páginas también espera poder ayudar a otras mujeres para que no padezcan el mismo sufrimiento.
La narración de A broken American dream arranca en julio de 2005, la mañana que le iban a extirpar un tumor en la clínica Quirón de Valencia. Esa es la razón, explica en el libro, por la que salió de EEUU con su hija y sin la oposición de su ex pareja, el estadounidense Peter Innes, a principios de ese año; no disponía de seguro médico y necesitaba tratamiento. Un año antes la pareja había separado sus caminos.
La abogada acusa a Innes de haberle provocado "mutilaciones y daños crónicos severos contra mi salud y mi cuerpo" por supuesto envenenamiento y maltratos. En una página web dedicada a su hija, Innes defiende su inocencia y trata de desmontar "las falsas" y "locas" acusaciones de su ex mujer. En junio de 2015 señaló por carta a la juez que llevaba el caso que no se oponía a la liberación de Carrascosa "si es lo que mi hija quiere". Durante el juicio inicial, pidió una condena "ejemplar" contra ella. Sin contacto alguno con su "ex", la valenciana dice no haber visto la web, pero sabe de ella a través Victoria Solenne, que "reprueba severamente la página".
Durante el paseo por el corazón de Nueva York, Carrascosa busca y rebusca su móvil en el abrigo, en el bolso... "No estoy acostumbrada a llevar nada en las manos", explica recordando las obligaciones carcelarias y su tendencia a dejarlo olvidado en cualquier sitio. Y para María (o Mary Jo, como le llaman algunos), su teléfono es un tesoro. Gracias a las nuevas tecnologías y el GPS, las autoridades saben que está en casa cumpliendo con el toque de queda. También se ha convertido en una especie desuperglue digital con Victoria, su hija.

¿Cómo se comunica con ella?
Hablamos todas las noches con eso (señala el iPhone de la mesa) y por el Mac con Skype.
¿Qué tal es la relación?
Mi hija está muy desesperada. Se hizo muchas ilusiones el año pasado y no entiende por qué está tardando tanto. Cuando le pregunto si quiere que tire la toalla si esto sigue así, me dice: "Hemos pasado 10 años, toda mi niñez y adolescencia, sin ti. No se te ocurra abandonar, mami, porque no te miro a la cara".
 En plena adolescencia, ¿cómo lleva ser madre en la distancia?
Es el trabajo más bonito y más difícil. Si encima pones una pantalla y el Atlántico de por medio es muy complicado. Se porta muy bien, pero a veces cuando hace algo y quieres disciplinarla te dice "pero si no has estado aquí 10 años, no sabes nada". ¿Qué respondes a eso?
El gesto de Carrascosa se relaja al hablar de su familia. Su hija está a punto de cumplir 16 años; la última vez que la vio tenía seis. La valenciana está pendiente de cómo van sus estudios en el instituto y anda preocupada por sus ganas de ser artista. No sabe de dónde ha sacado esa voz, pero canta muy bien (y en inglés demostrando su control del idioma) dice orgullosa. Victoria le ha dicho que quiere presentarse a los programas de talentos de Factor-X y La Voz, pero su madre insiste en que hasta que ella no vaya a España nada de nada. Su prioridad antes, durante y después de la cárcel, asegura, sigue siendo su hija.
El próximo 21 de junio se cumplirá una década sin que la abogada haya visto en persona a su nena y a sus padres, después de que decidiera volar a Nueva Jersey, en 2006, "engañada por un juez, pensando que iba a escuchar la moción de desestimacióndel procedimiento [de su ex marido] porque yo aducía que no tenía jurisdicción". Meses después, en noviembre, se produjo su encarcelamiento.

Todo lo que he perdido

Sus palabras destilan tristeza al hablar de todo lo perdido, incluidos algunos familiares que han fallecido, y cómo han envejecido sus progenitores que han cumplido 80 años. A su madre "le han diagnosticado alzhéimer y se está quedando ciega". Su padre se pregunta por qué tarda tanto la decisión que les permitirá volver a encontrarse. Ella les da ánimos siempre de la misma forma: "Estoy un pasito más cerca".
Desde que Carrascosa fue condenada en firme en noviembre de 2006, su familia movilizó todas las fuerzas a su alcance para intentar lograr su excarcelación. La pareja y su otra hija, Victoria, tocaron todas las puertas oficiales y oficiosas (Ministerio de Justicia, de Exteriores, consulado en Nueva York, cadenas de televisión, asociaciones) buscando su liberación. Pero el peregrinar fue infructuoso. La vida de Carrascosa en EEUU se remonta a los años 80. Primero vino a estudiar un año. Regresó en 1992 y se instaló definitivamente. En esta tierra que siente suya, "es parte de mí", ejerció deabogada y conoció a Innes.

¿Estuvo casada, porque en el libro da la sensación de que no?
Nos casamos en 1999 ante la iglesia católica. Él entregó un pasaporte y un número de seguridad social falsos y ocultó que estaba casado con Nancy Innes.
¿Cómo le conoció?
Ellos me eligieron a mí en The Matchmaker [página de citas online] por interés. La Iglesia anuló el matrimonio. El resto está en el libro.
En él dice que utilizaron su nombre para obtener préstamos
Un día quise comprar una casa para mi familia -no a nombre de la empresa- y descubrí que había 52 líneas de crédito con deudas a mi nombre. No sabía nada. Aquí eso se denomina robo de identidad.
¿Ha tenido algún contacto con su ex pareja?
Nada, nada... en absoluto.
El tono de Carrascosa se vuelve más serio al hablar de Innes. Sus comentarios sobre su estado psíquico y las supuestas "locas" acusaciones que de ella hace no le gustan. "Dice eso porque tiene mucho que esconder. Está intentando que no me hagan caso, las pruebas están en el libro".
El último contacto se remonta al comienzo de la batalla judicial por su hija, que nació apenas un año después de que se casasen en Buñol (Valencia) en marzo de 1999. La pareja se separó en 2004. Los Carrascosa sostienen que él abandonó el hogar familiar ymaltrataba a María José. En la demanda de divorcio que presentó el estadounidense en diciembre de ese año alegó "crueldad y engaño financiero".
En 2005, cuando Carrascosa se recuperaba de la operación a la que fue sometida en Valencia, Innes interpuso una demanda al amparo de la Convención de la Haya contra ella por haberse llevado a Victoria a España solicitando el regreso de la menor. El tribunal nº 9 de Valencia resolvió que no a lugar a la restitución de la niña a EEUU. De poco le sirvió.
Los nueve años pasados entre rejas no han aminorado la pasión de Carrascosa por la abogacía. Habla de su profesión con entusiasmo desde las alturas en Madison Avenue, mientras relata los casos similares de los que ha tenido noticia en este tiempo. "La gente me pide ayuda. Les he dicho que lo haré, pero primero tengo que ayudarme a mí", explica subrayando que quiere zanjar su caso. Sin embargo, comenta orgullosa el caso de una reclusa condenada a cadena perpetua que logró salir seis meses antes que ella tras estudiar su caso. "La justicia está administrada por el hombre y el hombre no es perfecto. Por eso ocurren travestis jurídicos".

¿Qué quiere hacer después?
Recuperar nuestra vida, mi hija y mis padres. Si nuestro Señor nos ha elegido para esto, que lleve bien esta cruz y que traigamos las leyes de Europa aquí.
 ¿Piensa ejercer como abogado?
Mi pasión siempre ha sido la práctica del derecho. Lo echo un poco de menos. Creo que iré más por el lado de los Derechos Humanos. Dios Proveerá. Depende de muchas cosas especialmente de mi hija.

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