viernes, 25 de marzo de 2016

La Nueva York salvaje de Luc Sante

El primer libro de Sante traducido al español fue «Mata a tus ídolos»
El primer libro de Sante traducido al español fue «Mata a tus ídolos» - DANIEL SHEA




Todas las ciudades del mundo han sido en algún momento inestables, extrañas y descomunalmente sórdidas. Lo dice Luc Sante, escritor y colaborador en las revistas literarias más prestigiosas de Estados Unidos. Todas las ciudades. Incluso Nueva York, que en los años 70, antes de ser reemplazada por un decorado de película, fue un lugar «miserable». Eso escribe Sante en el ensayo «Mi ciudad perdida», recogido en «Mata a tus ídolos»:
«Más allá del asunto de la violencia real, las drogas y la miseria, estaba el hecho de que Nueva York no formaba parte de Estados Unidos en absoluto. Aquello era tierra de nadie, cerca de la costa, sin centros comerciales, poca presencia de las grandes cadenas, muy pocos cristianos renacidos que no hubieran llegado a la ciudad con el papel de misioneros, sin campos de golf, sin parcelaciones».
Luego Ronald Reagan ganó las elecciones y los parias que sobrevivían de manera milagrosa empezaron a necesitar dinero. Los productos que antes se intercambiaban en la calle se esfumaron detrás de los escaparates. Vivir se convirtió en un lujo: «Los apartamentos vacíos se llenaron de un día para otro y, en consecuencia, los alquileres se dispararon». Así, cuenta Sante, empezó a morir aquella ciudad tan fértil para jóvenes escritores y artistas. «Cuanto más sentía que estaba perdiendo mi ciudad, más me preocupaba por ella». Y su obsesión con el pasado de su añorada «pocilga» le llevó a escribir «Bajos fondos», un minucioso retrato de la Nueva York más salvaje:
«En el siglo XIX, un joven nacido en el seno de una familia pobre, quizá llegado a Nueva York como inmigrante, […] podía elegir ser un ratero, un estafador, un matón al servicio de los políticos, cómplice en alguna casa de apuestas, empleado en un "saloon", un timador de inmigrantes, un envenenador de caballos, un alborotador profesional, un pirata de río, un explotador de marineros, un carterista, un ladrón de tumbas. Entonces, con suficiente habilidad y suerte e instinto, y ferocidad, podía terminar al frente de su propia pandilla, y de ahí, si lograba no ser asesinado, podía lanzarse a la política, o a la administración de un "saloon", o a los bienes raíces, o al negocio del entretenimiento».
Nostálgico de una Nueva York en la que caminar solo por la noche era todo un desafío -«¿Qué iba a hacer? ¿Quedarme en casa? Dios sabe si pude haber sido asesinado»-, este escritor nacido en Bélgica es uno de los autores preferidos de Libros del K.O. Cómo no iban a fijarse en Sante unos editores que nacieron con el objetivo de demostrarle a Jorge Herralde que estaba equivocado con eso de que «una editorial de no ficción es inviable en España».
A Libros del K.O. le debemos la traducción de «Mata a tus ídolos», una recopilación de los mejores artículos de Sante: sobre Nueva York, claro; sobreVictor Hugo o sobre el tabaco. La antología de un autor que de joven editaba una revista cultural para la mítica librería neoyorquina Strand Books y se dejaba ver con el artista Jean-Michel Basquiat, muerto a los 27 años por una sobredosis de heroína. «Nueva York era una ciudad del Tercer Mundo. Había una actividad cultural desaforada», le dijo a Eduardo Lago en una entrevista.
Ahora, cinco años después del desembarco de Sante en España, podemos leer «Bajos fondos», su primer libro, publicado en 1991: Sante se sumergió en las inexactas crónicas del periodismo decimonónico, en numerosos mapas, guías y gruesos libros de Historia (lo explica en trece páginas de notas sobre sus fuentes) para revelar el lado menos conocido de Nueva York entre 1840 y 1919. Algo necesario en una ciudad que no tiene memoria, que rechaza el pasado y expele a sus muertos.
Sante pone nombre a personajes como The Allen, «el hombre más retorcido» de la ciudad, a quien nunca condenaron pese a sufrir 113 redadas policiales en su bar. O la historia de William Marcy Tweed, un político cuya administración gastó 10.000 dólares en lápices que valían 75. O la historia del timo al escritor Oscar Wilde en 1882. A punto estuvieron de birlarle 5.000 dólares en un juego de cartas. Se salvó porque le permitieron pagar con un cheque y se dio cuenta del engaño antes de validarlo.
«Bajos fondos» es la particular carta de amor de Sante a la Gran Manzana. O, como llamaban antes los vagabundos a Nueva York, la Gran Mancha y la Gran Cebolla. «Pese a estar acotado temporal y topográficamente, creo que también es un libro sobre la Nueva York de hoy», explica Sante en el prefacio. «La ciudad era así hace un siglo, y sigue siéndolo ahora. Hay, de hecho, solo dos diferencias significativas entre aquel mundo y el nuestro: ahora hay mucha más tecnología y todo es mucho más caro».
Los personajes excéntricos que pasean entre rascacielos son los mismos, pero ahora están demasiado ocupados en mantenerse en pie.

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